jueves, 9 de mayo de 2013

Avellanas cordobesas

De “el porqué” la avellana cordobesa se llama así,  no encontré nada que afirmara con certeza ninguna de las hipótesis que existen, sin embargo me quedo con la más romántica. 
Se dice que uno de los primeros lugares de la Península donde se cultivaron estos arbustos  fue en Córdoba, tras ser regalado por Cristóbal Colon a su amada cordobesa Beatriz Enríquez de Arana.(1467-1521).
De linaje humilde Beatriz quedo huérfana en la infancia y residía con familiares, conoció a Cristóbal Colon en casa de esos parientes cuando ella tenía 20 años y él ya era viudo. Modestos labradores y propietarios de algunos bienes inmuebles (casas y viñas), los Arana tenían un cierto nivel social que se refleja en el hecho de que Beatriz supiera leer y escribir, circunstancia bastante infrecuente en la época. Aunque nunca se casaron desde ese momento ya siempre estarían juntos y solo un año después  (1488) nacería Hernando (o Fernando) Colon. Al partir Cristóbal Colon en 1492 hacia América, dejó a todos sus hijos al cuidado de Beatriz en Santa María de Trassierra, Córdoba. Se dice que en alguna de sus muchas  idas y venidas de sus viajes mientras esperaba la confirmación de la Corona para su viaje, trajo de regalo este arbusto a Beatriz, y fue entonces cuando empezó a cultivarse en la Sierra Cordobesa.

Muchas conjeturas existen en la relación de estos amantes y no voy a entrar en ellas, en este caso para mí lo interesante es como llega la avellana a Córdoba. (o se supone).

Hermita Santa Maria de Trassierra.
 Al morir Colón, le dejó su fortuna a esta mujer (Cristóbal Colón fue gobernador de las Américas, correspondiéndole un 10% de los beneficios de los viajes debido a las Capitulaciones de Santa Fe) e hizo que su primer hijo Diego la tratara como a su madre verdadera. Ella, sin embargo, nunca reclamó su herencia.
Fiesta de la Avellana, en Santa María de Trassierra, que viene teniendo lugar a mediados de agosto. persigue promocionar y resaltar las excelencias de un producto que proviene de los cultivos y explotaciones de los avellanales del lugar que nos ocupa, situados por ejemplo entorno a los arroyos del Molino o Bejarano.


El epíteto específico, avellana, que también da nombre a sus frutos, deriva según Andrés Laguna de la ciudad de Avella, en Campania, Italia, donde parece ser que estas plantas se criaban en abundancia. Es cierto que las avellanas poseen un elevado nivel energético pero precisamente éste deriva de su principal fuente de salud que es el alto contenido en grasas mono y poliinsaturadas, grasas saludables con efectos preventivos de enfermedades cardiovasculares; la riqueza de su composición nutricional se complementa con fibra vegetal, vitaminas, sales minerales y oligoelementos, una buena fuente natural de vitamina E, que actúa como antioxidante de los tejidos del cuerpo humano; también aportan cantidades apreciables de vitaminas del grupo B, como la B6 y el ácido fólico. Una ración de 30 g de avellanas aportan un 9% de la cantidad diaria recomendada de ácido fólico, importante para un embarazo sano y para la salud del recién nacido.
Las avellanas, como todos los vegetales, no tienen colesterol. Su proteína vegetal es de muy buena calidad, ya que contiene una elevada proporción de arginina, que es un tipo de aminoácido que desarrolla un importante papel para el buen funcionamiento del sistema cardiovascular.
Proporcionan muchos minerales saludables como el cobre, el manganeso, el calcio, el potasio y el fósforo. Las avellanas contienen mucha fibra vegetal, mayoritariamente insoluble, que beneficia el tránsito intestinal y evita el estreñimiento.

 





No hay comentarios:

Publicar un comentario

Alguna sugerencia.........